martes, 12 de noviembre de 2019

Hay que guardar silencio.
Hay que guardar silencio para que la gente que ahora duerme descanse y mañana acuda a sus trabajos y gane dinero para gastarlo en una casa con calefacción y en cumplir su sueño de visitar la estatua de la Libertad y coma carne en restaurantes y se relacione en bares con otra gente y se enamore y nada más.
Hay que guardar silencio para escuchar este ruido.
Hay que guardar silencio y perder la cabeza.
Hay que guardar silencio para leerme a nadie.
Hay que olvidar lo que he dicho, hay que trabajar, hay que pasar por encima porque llegas tarde y no hay tiempo y quién eres, ya no te conozco.

Tengo que guardar silencio para hacer lo mismo y repetir mañana que hay que guardar silencio.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

¿quién vigila el umbral de la belleza?
¿cuándo se aprende la muerte?

¿en qué habitación se esconde
el que duerme con las puertas abiertas?

¿existe la felicidad
para el que sabe más de la cuenta?

¿es libre el vigilante?
¿hasta dónde llega la certeza?
¿cómo se remonta la indiferencia?

¿tienen memoria de crisálida
las mariposas?

¿existe un lugar físico
dónde aún vive tu infancia?

¿quién le cuenta al final que es su final?

miércoles, 20 de junio de 2018

Mi cerebro manipula una gota de óxido,
la deja caer, aplasta.

La poesía de otros me cree inútil, me anula, no existe el papel, el teléfono hace que bloquee, odio repetirme, divago,
no contesto a tu mensaje, nunca pensaré por mí mismo, no estoy preparado,
me escondo, no me atrevo, nunca llegaré
a pisar los jardines, soy eterno
en mis moldes, verbo copulativo, despegado, solo.

Este texto es demasiado largo, cansado,
mis palabras son mudas, nadie las ve,
nadie las piensa
y tú mucho menos.
Escribo rápido y mal, no lo entiendo, la ciudad asoma por un ojo de buey que solo se forma en mi retina, la lente es difusa y borrosa, hay que extirparle piel y maleza, pero detrás se esconde la vida, esperanza agria.

Nadie se acordará de mí,
cuando me vaya.

sábado, 29 de abril de 2017

Las mentes no cicatrizan, no pueden olvidar ni quieren, cargan con todo, se pudren, mueren.
Mueren las mentes.
Lo recuerdo porque me ha pasado.
O era sueño.
Paseaba. Hay quien me vio cruzar.
Solo eran sombras.

Y había un parque con niños, unas cuerdas, una tiza en el suelo, un columpio. Lo sé porque estaba allí. Yo era ellos. Y les di la mano y a uno le escribí.
Solo eran palabras.

Y ahora el oasis es arena, el parque de otros y la juventud grieta, los renglones, torcidos, la casa pesa y la lluvia arrecia, el techo cede y la luz frontal y ciega prevalece.


Después de existir en el núcleo,
ya nadie espera su vuelta.

martes, 6 de diciembre de 2016

Portas la letra, moldeas la música, la acompañas y vuelves a hacerla poesía. También borras los truenos, la tormenta, (ahora ya hace Sol) de pronto no te das cuenta y dudas, pero al final la luz es más potente que el túnel y salimos ilesos. Hay canciones de sobra con nosotros, tú y yo, nosotros, canciones que te nombran sin quererlo, que te buscan entre mis escombros, entre ruinas que ahora resucitan y se erigen en los puentes que no hemos saltado, en los rincones de Madrid que aún no, pero sí.
Y que yo ya te había escrito aunque no lo supiéramos.
Porque antes ya estabas aunque no pudiera verte.
Porque mis brazos, que no son creyentes, estaban esperando a convertirse.
Te están esperando. Te estaba esperando.

domingo, 28 de agosto de 2016

Por los canales sinuosos de las madrugadas se asoman mil ventiscas, desmayos violetas, ahogo, viernes de miseria
y lámparas de araña.

El caos en bucle es mi forma de orden.

Vomito esgrima.
La eterna pelea de florines entre la pluma
y el filo de la navaja.
Esta noche pienso en todo lo que (te) escribo.
Mañana no me acuerdo.
Siempre preferí la mirada del demente, asesina y vital, que el cuerdo, satisfecho y mortal.
Mi Dios quiso abrazar vuestra mentira. Jugar a ser normal.
Todos menos yo. Todos contra mí.
Pero yo pienso. Y enloquezco.

Las góndolas dan media vuelta,
se cansaron de esperar.
Hace frío y no me arropas.
No saben nada, nadie lo entiende.

Y nadie lo quiere entender.

domingo, 17 de julio de 2016

Te has cruzado en medio del combate
y me has herido las entrañas,
la infantería acorazada
ha hecho sonar los timbales.

Y en los atardeceres,
muere el Sol en tus pestañas
buscando tiempos mejores.

Mientras, en la batalla
motín del regimiento,
jamás habían visto un
Ángel en el infierno.

Los soldados claman tregua
atrincherados en sus piernas,

no zarpa en puerto el brunete
por si te quedas en tierra.

El centinela, sigiloso, te vigila,
grita el capitán, aplauden los civiles,
el coronel no tiene quien le escriba,


desde que te entregaste al enemigo
enlutan de licor las avenidas.