Por los canales sinuosos de las madrugadas se asoman mil ventiscas, desmayos violetas, ahogo, viernes de miseria
y lámparas de araña.
El caos en bucle es mi forma de orden.
Vomito esgrima.
La eterna pelea de florines entre la pluma
y el filo de la navaja.
Esta noche pienso en todo lo que (te) escribo.
Mañana no me acuerdo.
Siempre preferí la mirada del demente, asesina y vital, que el cuerdo, satisfecho y mortal.
Mi Dios quiso abrazar vuestra mentira. Jugar a ser normal.
Todos menos yo. Todos contra mí.
Pero yo pienso. Y enloquezco.
Las góndolas dan media vuelta,
se cansaron de esperar.
Hace frío y no me arropas.
No saben nada, nadie lo entiende.
Y nadie lo quiere entender.
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